viernes, 22 de enero de 2010

Los resistentes

ALEJANDRO FERNANDEZ MOUJAN

La resistencia (peronista) al olvido

El cineasta argentino Alejandro Fernández Mouján retoma las vidas de quienes crecieron durante la era dorada del peronismo pero que, tras el golpe de 1955, de la noche a la mañana tuvieron que ocultar sus convicciones políticas.

Por: Victoria Reale

La "patria de la felicidad" que recordaba en su filme Pulqui terminó. En su nuevo documental, Los Resistentes, Alejandro Fernández Mouján aborda cómo cambió la vida de trabajadores peronistas durante la Revolución Libertadora, cuando pasaron a encabezar la oposición clandestina al régimen de facto.

En un diálogo con Ñ reflexionó sobre cómo se desarrolló su flamante filme, que puede verse todos los domingos a las 18 en el Malba.

-En su anterior película, "Pulqui, un instante un la patria de la felicidad", trabaja con el imaginario del peronismo a través de la obra del artista Miguel Santoro, su protagonista. Santoro pinta a los niños y jóvenes que crecieron durante el gobierno justicialista con Evita. ¿"Los Resistentes" son los niños y jóvenes de Pulqui?
-Yo creo que sí. Siempre relaciono a Miguel Santoro con los protagonistas de "Los Resistentes", porque él vivió de niño el primer peronismo y está muy ligado afectivamente a ese imaginario. Para mí los resistentes son muchos Migueles, que no formaban parte de estructuras partidarias, ni gremiales, ni eran militantes. Eran trabajadores. Durante el bombardeo a la Plaza de Mayo en 1955, algunos fueron por su cuenta, porque querían apoyar a su gobierno y porque, además, sentían que estaba amenazada esa patria de la felicidad. La mayor parte de la dirigencia peronista, desde la partidaria hasta la sindical, no salió a defender el gobierno ni formó parte después de la resistencia.

-Los protagonistas de la película cuentan cómo los afectó el golpe militar de 1955 ¿Qué le interesaba rescatar particularmente de las historias de la resistencia?
-Me interesaba rescatar sus vivencias. Por ejemplo, lo primero que les ocurrió fue que el peronismo pasó a estar prohibido. No se podía tener fotos de Perón y Evita, ni nombrarlos, ni cantar la marcha. Mucha gente terminó quemando libros que tenía en su propia casa, o escondiendo los ejemplares de La razón de mi vida. La mayoría de la gente negó ser peronista de un día para otro, por miedo a la represión militar, que fue muy violenta. Y los que decidieron resistir entraron en un estado de clandestinidad, a veces hasta con sus propias familias. En otros casos, toda la familia se incorporó a la resistencia. Por eso la primera propuesta que me hicieron los protagonistas de la película fue contarla desde la ficción y que la acción transcurriera en la cocina de una casa de resistentes, ya que era el lugar donde se reunían y se cocinaba y planificaba la resistencia.

-Ya en las primeras escenas pone de manifiesto el dispositivo cinematográfico y cuáles son las motivaciones que llevaron a un grupo de los protagonistas a participar en el proyecto. ¿Por qué?
-Creo que es lo más honesto, porque la película se fue haciendo de la misma manera en la que está contada. Además, para mí hacer un filme es un proceso de pensamiento, voy descubriendo cosas mientras lo hago. Sobre todo con éste, que fue un trabajo colectivo entre el grupo de resistentes y los que realizábamos la película.

-¿Qué rol juega la memoria en su documental?
-Hay una apuesta a la memoria y el recuerdo, por eso decidí no utilizar material de archivo de manera ilustrativa, para darle valor a los relatos de los protagonistas. Lo que cuentan son recuerdos teñidos por el paso del tiempo. Para ellos también es importante dejar testimonio de lo que hicieron, para que no quede en el olvido, porque ahora tienen una avanzada edad.


Nota publicada en Ñ

http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/01/22/_-02124563.htm


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